El capítulo se inicia con la cuestión pendiente, cuando las motivaciones (ordenes, costumbres y caprichos) son insatisfactorias para afrontar la vida. Es ahí donde reaparece la libertad. La libertad es decidir y si te das cuenta de que estás decidiendo, mejor, porque es lo opuesto a dejarse llevar. La forma de darse cuenta que uno elige es pensar bien, un par de veces, lo que hace, si no uno puede dejarse arrastrar por la costumbre o el capricho, algo q no siempre es adecuado para obrar.
Nadie puede ejercer nuestra libertad por nosotros y siempre tendremos que elegir por nosotros mismos buscando un equilibrio entre órdenes, costumbres y caprichos. La libertad de decisión es propia de las personas adultas y lo contrario es propio de borregos o gente que da pena.
Volviendo a la ética y reflexionando en qué es lo bueno y lo malo para el hombre nos dice que es algo muy difícil porque, según el autor, “no sabemos para que sirven los humanos” en términos generales: a veces se nos pide resignación, otras veces rebeldía, otras iniciativa, otras obediencias, etc. Esto es debido a que no hay un único reglamento para ser un buen humano.
La conclusión del capítulo es que hay que hacer lo q uno quiera, pero aclara que dicha frase se ha de puntualizar en el capítulo siguiente.
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